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Xalapa

La crónica de hoy

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Año nuevo, metas nuevas

ALEJANDRO HERNÁNDEZCada ciclo, por corto que sea, siempre es una oportunidad para recapitular en lo hecho y en lo que se ha dejado de hacer, de reordenar fuerzas y deseos para fijar nuestras metas de vida. El inicio de cada año es siempre una buena época para llevar a cabo esto.

Muchas personas viven obsesionadas por el pasado, ya sea lamentándose por lo que no hicieron o añorando lo que hicieron bien o lo que tuvieron, en ambos casos la energía que se ocupa en ello es casi siempre energía desperdiciada. Es decir, recapitular para recomponer las nuevas estrategias está bien, pero dedicarse a lamer las heridas de batallas pasadas o recordar inútilmente viejas glorias que no tuvieron continuidad es casi una necedad, incluso, si me permiten el atrevimiento, pensar obsesivamente en el futuro es también una necedad, pues ambas cosas son inexistentes, el pasado nunca vuelve y el futuro, incluso el segundo inmediato a este momento en que usted está leyendo esto todavía es incierto, pues si usted detiene la lectura lo que pudiera haber sucedido cambia completamente.

Así entonces, el único momento en que realmente podemos ser productivos, ser mejores personas, hacer cosas, actuar pues, es el presente; planificar está bien, eso es pensar organizadamente, pero hay que hacer lo pensado, hay que llevarlo a cabo, y eso sólo se puede hacer en tiempo presente.

Si usted, amable lector, es de los que hace buenos propósitos, qué bueno, cuando menos tiene iniciativa, pero lo que sigue es llevarlos a cabo, paso a paso, un día a la vez, pero con constancia, pues si bien el impulso inicial es importante, el paso constante y dedicado es lo que hace la diferencia entre el éxito y el fracaso. A aplicarse, no queda de otra.

En otro orden de ideas. La función pública, es decir, el quehacer de la burocracia, está lleno de gente con ideas muy locas. Yo no sé si es algo que los que ganan una elección ya traen o si lo “creativo” les empieza brotar cuando se sienten con tantito poder. Para ejemplo de esto pongamos el caso del alcalde del municipio de Yanga, Gerson Morales Villanos, quien acaba de comprar, para habilitarlos como patrullas, dos carrazos de lujo: una camioneta Cheyenne y un automóvil Camaro, esos vehículos tienen un valor cercano al medio millón de pesos cada uno. Yanga es un municipio con pocas comunidades urbanas, por lo que ese tipo de vehículos resultan poco prácticos para usarlos como patrullas. Al final de cuentas, como ocurre en otros lugares, esos vehículos acabarán al servicio del alcalde o de su familia, ya verán si no.

Eso de comprar carros carísimos y poco funcionales para el trabajo rudo, es casi como gastarse el dinero del erario en mandar hacer una botarga del popular personaje Juanote, cosa que ya les había contado que piensa hacer un regidor del municipio de Xalapa, y creer que es una buena idea para promover a la ciudad como sitio turístico, esto mientras se convierte a la Plaza Lerdo y a las principales calles del centro histórico en un tianguis monumental, pues quién sabe quién autorizó cientos de permisos para que vendedores ambulantes invadan toda la ciudad. Así las cosas en este México mágico-cómico-musical.

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