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Viernes, 18 de Setiembre de 2020
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La crónica de hoy

Periodismo bajo fuego

ALEJANDRO HERNÁNDEZEl domingo, como para no hacer mucho ruido a nivel nacional, el gobierno del estado de Veracruz, en voz del procurador, Luis Ángel Bravo, dio a conocer que se habían encontrado los restos mortales del periodista de Medellín, Moisés Sánchez, quien fue sacado de su casa el día 2 de enero por un grupo de asesinos, que no comando armado como tan eufemísticamente se les llama, y llevado con rumbo desconocido.

Otra vez, como ya ha sucedido en muchas otras partes de la República, elementos policiacos tienen que ver con la desaparición y muerte de un periodista, por mucho que las versiones oficiales quieran desmentir el oficio de Moisés Sánchez, diciendo que “sólo era un taxista”. Que esto ocurra nos habla de la descomposición inaceptable del sistema de procuración de justicia y de salvaguarda de los derechos constitucionales de las personas, pues no es nada raro que las instituciones encargadas de velar por la seguridad se encuentren infiltradas hasta la médula por criminales y cárteles de la droga o, como se ha visto en el caso que nos ocupa, sean usadas como el ejército personal de remedos de señores feudales que se sienten dueños de vidas y haciendas de los lugares que gobiernan.

Se dice que en Veracruz el gobierno trabaja por la seguridad y por erradicar a los grupos del crimen organizado, sin embargo, si uno pone atención a lo ocurrido en Medellín, se dará cuenta que las cosas no son como nos las platican en los boletines de prensa, pues los asesinos confesos, presentados por la Procuraduría del Estado de Veracruz, dicen en sus declaraciones que el periodista Moisés Sánchez fue asesinado por denunciar las actividades criminales de quien gobierna en Medellín y, peor aún, que en pago por el “favor” de desaparecerlo los asesinos, expolicías de la Intermunicipal de Veracruz-Boca del Río,  por cierto, recibirían, de parte del alcalde de ese lugar, su patente de corso para “trabajar” la venta de droga y sabrá Dios para qué tantas otras actividades delictivas más.

El de Moisés Sánchez, por desgracia, no es un caso aislado, pues si las cuentas macabras no me fallan, su asesinato sería el número once cometido contra periodistas en lo que va de este sexenio del terror para el periodismo veracruzano.

Hoy por hoy en Veracruz el periodismo crítico, el que verdaderamente informa a la ciudadanía y se pone del lado de ella, se encuentra bajo fuego; lo peor del asunto es que no se sabe bajo de qué fuego, pues lo mismo los ataques vienen del crimen organizado que de parte de funcionarios del gobierno, lo cual ha situado a nuestro estado como uno de los más peligrosos, no sólo del país sino de Latinoamérica, para ejercer la labor de informar.

Estaremos pendientes de los carices de este caso, pues los familiares de Moisés Sánchez no le creen nada al procurador de cómo ha “resuelto” la investigación, y, ¿saben qué? Creo que muchos veracruzanos tampoco.

Comentarios o sugerencias: motardxal@gmail.com

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