15.2 C
Xalapa

La crónica de hoy: Atentados contra la libertad de expresión

-

ALEJANDRO HERNÁNDEZEn todos los países se cuecen habas y ayer un par de asesinos (no un comando armado, no unos sicarios, que basta ya de eufemismos) entraron a las oficinas de la revista francesa Charlie-Hebdo y dispararon armas largas en contra del personal y directivos. Hasta el momento doce personas han muerto y ocho se encuentran heridas, dos policías que resguardaban las oficinas, pues ya habían recibido amenazas antes, entre ellos.

Se sospecha que los autores fueron grupos radicales de islamistas, pues el medio francés mantenía una línea crítica muy dura en contra del terrorismo propiciado por grupos radicales de esa religión.

El atentado fue terrible, tanto como lo fue la muerte de Gregorio Jiménez en nuestro querido estado de Veracruz, como lo fue la muerte de Regina Martínez, en esta Xalapa que atónita mira cosas que nunca antes había visto, como la desaparición de Moisés Sánchez en Medellín, tierra de nadie, y como ha sido, y será, la muerte de cualquier periodista que, por decir la verdad, ha sido o será callado para siempre en cualquier parte del mundo.

La libertad de expresión es un derecho humano irrenunciable, y tan es así que sólo con balas o con la fuerza bruta puede, indebida y arteramente, ser acallada. Pero no por mucho tiempo, porque la verdad destella, incomoda aunque se mate o se amenace al que la dice, porque sale a flote siempre, porque la verdad es un derecho que ni el más despreciable sátrapa puede contener por mucho tiempo.

Que maten a los periodistas no cambia la verdad que escribían, la que presentaban a la sociedad con valentía, porque los cínicos seguirán siendo cínicos, los extremistas seguirán siéndolo, los ladrones del mismo modo lo serán, igual que los malos gobernantes, los corruptos y los asesinos; su naturaleza maligna y procaz no se modificará en nada, porque no se tapa el sol con un dedo, porque no matando al gallo que canta al alba deja de amanecer. Al final, a pesar de quitarle la vida a un periodista, no modifican las cosas, quizá retardan el juicio público, pero nunca la sentencia, su naturaleza inhumana, mezquina y vil, prevalecerá porque esa sólo les pertenece a ellos mismos. Los malos, los viles, los miserables siempre lo serán, hagan lo que hagan y aunque maten a quien tenga el valor de decirles su vergonzosa naturaleza.

Es cierto que la impotencia de verlos cometer sus crímenes con tan aparente impunidad molesta, duele, pero tarde o temprano tendrán su castigo, quizá no uno corporal, visible a los ojos de los demás, pero sí debido al juicio de su propia conciencia de la que, estoy seguro, no se escapan, pues nadie puede vivir en paz sabiendo que hizo mal, porque hasta el más cínico, el más vil de los delincuentes, sabe que algún día tendrá que pagar por sus acciones.

Hoy, mientras tanto, sigamos exigiendo que no haya más periodistas desparecidos, ni envilecidos con juicios a priori, ni menospreciados en su labor periodística, ni enjuiciados luego de muertos corrompiendo su memoria, como acostumbran a hacer los que, se supone, procuran la seguridad y la justicia en este México bendito, y en Veracruz más que en otra parte.

Comentarios o sugerencias: motardxal@gmail.com