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Xalapa

La crónica de hoy: Gubernatura ¿De dos o de ocho?

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POR ALEJANDRO HERNÁNDEZ Y HERNÁNDEZ

 

En el estado de Veracruz tenemos las elecciones estatales “cuatrapeadas” con las federales, es decir, no coinciden; y si contamos todas, las federales para presidente, la estatal para gobernador, las estatales para renovar el congreso local y los ayuntamientos, y las federales intermedias, tenemos que siempre es temporada de elecciones. Esto no sólo es carísimo, sino que también es improductivo administrativamente hablando, pues nuestros funcionarios nomás se la pasan en la grilla y trabajan poco —que ya de por sí a trabajar no están acostumbrados—.

En ese tenor desde hace ya varios meses se ha estado manejando el tema de hacer coincidir las elecciones federales con las estatales. El asunto entonces, se ha vuelto una constante en los corrillos y en las mesas de los analistas que hay en los cafés de la ciudad. Nadie se pone de acuerdo en cuál sería la mejor manera de homologar una con otra elección; hay quien se decanta por alargar la gubernatura actual y, en lugar de seis, hacerla de ocho años; otros más dicen que es mejor tener una minigubernatura de dos años para así poder arrancar parejo con la elección federal.

A mí se me hace que ninguna de las dos soluciones es la adecuada y que, a como se han dado los asuntos en la política veracruzana, más nos valdría quedarnos como estamos, en una de esas hasta nos sale más barato.

Porque en la política  mexicana un cargo de elección popular se divide en tres, dure éste los años que dure, sea trienio o sexenio; en el primer tercio el político llega a ver qué le dejó su antecesor, a acomodar lo que hay que acomodar y a tapar los hoyos que haya que tapar, un periodo de ajustes pues; en el segundo tercio ya más o menos trabaja, ya le entendió a lo que está haciendo, ya logró constituir un equipo de colaboradores, ya pagó la deuda heredada, o la reestructuró, y anda como pez en el agua; este es el periodo de “los grandes logros coyunturales” (que quién sabe qué significa eso pero así dicen todos). En el tercer tercio el político acomoda sus cartas para asegurar su prohijada política, empieza a trabajar lo que se llama la continuidad partidaria; aquí ya se trabaja poco, se grilla mucho y lo mejor que nos puede pasar, a los legos de la política y paganos casi siempre de ella, es que no nos dejen embarcados para el siguiente periodo. Así entonces, una gubernatura de dos o de ocho años por más que se quiera nomás no se puede dividir en tres, y en la trigonometría imperfecta de nuestra política resulta un error por donde quiera que se le vea.

Y como no está el horno para bollos ni la pólvora es tanta como para andarla quemando en infiernitos, yo digo que ya ni le busquen ruido al chicharrón porque se lo van a encontrar.

 

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