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Xalapa

La crónica de hoy: Las “leydis” del poder

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POR ALEJANDRO HERNÁNDEZ Y HERNÁNDEZ

 

El poder corrompe, enceguece a quien lo tiene, cambia a las personas poco centradas y trastorna a los débiles de espíritu, y a veces hasta a los que se supone están por encima de las debilidades humanas. Cuentan que en el momento más álgido de su generalato, Miguel Hidalgo y Costilla se hizo llamar su alteza serenísima e, instalado en su centro de mando en Guadalajara, se manejó como un sátrapa, tanto así que consta en los anales históricos, no los oficiales, por supuesto, que ordenó el asesinato de muchos españoles por el sólo hecho de serlo. Y a manera de aclaración diré que las personas que motivan la columna de hoy distan mucho de tener los tamaños históricos del cura Hidalgo.

Hagamos algo de historia local. La semana pasada, en que los cardenistas sitiaron el centro histórico de Xalapa, mucha gente se vio atrapada en el desgarriate vial que ocasionaron; una de estas personas fue una prominente y cercana colaboradora de nuestro alcalde, la cual, ante la imposibilidad de circular rápidamente para llegar al palacio municipal, se le hizo fácil querer circular por la calle de Juárez en sentido contrario. Estar en la plenitud del ‘inche poder, como dijera un clásico, le dio la inteligencia necesaria para elucubrar que un funcionario municipal con un cargo “importantísimo”, como el que ella tiene, puede pasarse por los entresijos el Reglamento de Tránsito si quiere. No contaba con que una agente de Tránsito, celosísima de su deber, e ignorante del puesto de la señora en cuestión, se lo iba a impedir.

Cuentan algunos testigos, que al día de hoy nadie encuentra ya, que la agente se puso enfrente de la camionetota de la funcionaria y que ésta le dejó ir el mueble con todo el poder que le da ser asesora de nuestro joven alcalde y ser, también, una inconsciente de lo peor.

Tras varios metros de forcejeo, que la agente perdió en los hechos pero que gano en los derechos, la funcionaria tuvo que recular, no sin antes decirle unas cuantas a la agente, mismas que ella respondió con alvaradeño léxico y mordaz lingüística.

El caso es que lo que podría haber terminado hasta en una acusación formal de intento de homicidio, terminó en que la funcionaria fue a pagar su infracción y emitió una “sincera” disculpa en su cuenta de Twitter, misma que si quieren buscar no van a encontrar porque ya la borró.

Como dirían las abuelas de antes, en lo poco se ve lo mucho, y si a esta funcionaria le vale sombrilla el Reglamento de Tránsito, como le vale también a otra funcionaria municipal que estaciona su camioneta encima de las banquetas, mucho menos se ve que le importa la vida de una persona. Esa es la gente que administra los destinos de nuestra ciudad; triste nuestro caso.

 

 

 

 

Alejandro Hernández y Hernández

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