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Xalapa

La “nueva normalidad” en el epicentro del contagio nacional

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Foto: Noé Zavaleta

 

 

Ciudad de México.-04 de septiembre del 2020.-Los comerciantes ambulantes de la Ciudad de México siempre encuentran cómo reinventarse: Pasaron de los llaveros de sombreros y banderas de festejos patrios, dejaron las calaveritas y las calabazas de Haloween de plástico y peluche, para vender cubrebocas de tela, de poliéster y “piratas” de KN95, en 10, 20 y 30 pesos, en las doce estaciones de la línea del metro. El subterráneo más “saturado” del globo terráqueo que en horas pico traslada por día hasta cinco millones de habitantes, pero que hoy presenta apenas delgados ejércitos de hormigas humanas, que poco a poco regresan a su nueva normalidad, tras la pandemia por Coronavirus.

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Es extraño caminar y transitar en estos días por la capital más poblada del orbe, apenas pequeños cuellos de botella por tráfico vehicular en Paseo de la Reforma, Rio Churubusco e Insurgentes. La avenida Coyoacán y Marina Nacional presentan atípica fluidez de autos, dignos de una autopista de cuatro carriles.

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Foto: Noe Zavaleta

Más de ciento dos mil casos de Covid-19 en la ciudad de la esperanza -lo suficiente para llenar el Estadio Azteca y dejar a 7 mil personas en los pasillos-, y casi 11 mil muertos por esta pandemia en la capital del país, han vuelto a la metrópoli más poblada del mundo, una ciudad que lleva semanas viviendo a medio gas.
En la Alameda y en los alrededores del Ángel de la Independencia, la vida ya transcurre con completa “nueva normalidad”, todos con pasos presurosos, con la mascarilla pegada al cuerpo, al rostro en este caso, y con una sana distancia suplida por el esquivar de cuerpos y el dar la espalda al prójimo. Algo tan característico del pueblo chilango.

Foto: Noé Zavaleta
Foto: Noé Zavaleta

Los museos han reabierto la semana pasada, y este fin de quincena están a prueba con sus nuevas medidas sanitarias y la marea de gente: La exposición Van Goh en Insurgentes, el museo Franz Meyer y el Museo del Estanquillo en el centro empiezan a recibir su clientela cultural que durante cinco meses estuvo guardada por una pandemia que en el mundo ya dejó una estela de casi 900 mil muertes y más de 26 millones, 600 mil personas contagiadas, según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
En los alrededores de la colonia Tabacalera y Cuauhtémoc, el ejército de Godinez y empleados de comercios abiertos le ha perdido el miedo al SARS-Cov-2, un poco de gel antibacterial y el cubrebocas a un costado de las salsas y servilletas, y todos juntos, unos sentados y pegados unos a los otros a disfrutar los alimentos en las más de cien taquerías, pozolerias, birrierias y demás lugares gastronómicos que pululan en la zona.
Con el semáforo epidemiológico por tercera semana consecutiva en color amarillo, ha dado pie, para que varios taqueros, franeleros, estibadores y comerciantes de la zona ya se deshagan del molesto cubrebocas.
“En la zona de Iztapalapa, Ecatepec, en las colonias de Xochimilco… el cubrebocas existía solo por ratos”, comenta a las risas el señor del gas LP, que instala el combustible en un puesto semifijo de birria.

La marea humana en avenida Madero que conecta al Palacio de Bellas Artes con el Zócalo luce a la mitad de su capacidad que los fines de semana antes de la pandemia. Las tiendas de ropa y librerías tienen unos diez días abiertos, no han logrado recuperarse de sus pérdidas, las ventas han sido escasas y la falta de liquidez en el chilango promedio es evidente.
En la estación del Metro Pino Suarez, un anciano adaptó su pañuelo rojo en tonos jarocho como cubrebocas, la agujeta de calzado que utilizó como sujetador amenaza con caérsele de la oreja en cualquier momento. Su nariz prominente asoma hacia el exterior. Pienso: “si el Coronavirus anda suelto en este vagón chilango, el señor es estadística segura”.
También en Pino Suarez -al igual que todas las estaciones-, fueron colocados logos naranjas de “sana distancia”, los cuales son acatados con obediencia militar; sana distancia que se rompe en automático al abordar el Metro; ahí no hay otra, más que corroborar que el cubrebocas esté bien puesto, apretar la careta, respirar hondo y encomendarse a la voluntad de Dios o de algún santo patrono, que en estos días, no ande tan ocupado.

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Cisca e intimidan un poco las lonas en colores rojos y blanco con el siguiente mensaje estridente: “Cuidado, zona de alto contagio de Coronavirus”, el violento mensaje solo incomoda a los foráneos, para los locales, ya es un anuncio publicitario más, ya visto muchas veces.
La línea 7 del metrobús de Indios Verdes a El Caminero, avanza con una lentitud armoniosa, va lento como el Coronavirus, esta epidemia larga y cuesta arriba, le hace llevar apenas diez pasajeros en su doble remolque. Al paso que va, llegará por la tarde a Perisur, probablemente un par de minutos antes, que en cadena nacional, el subsecretario de Salud, Hugo López Gatell confirme que el país ya roza las 70 mil muertes por Coronavirus. Un promedio de 14 mil fallecidos por mes, un virus que se ha vuelto en México, igual de letal que la delincuencia organizada.