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Xalapa

La política en tacones

PILAR RAMÍREZ

Pareja del momento

Cuando estoy de visita en una ciudad siempre me gusta leer la prensa local. Las notas que allí se produzcan sólo trascenderán a medios nacionales o internacionales si se trata de un asunto grave, pero las notas cotidianas, las que consumen los lugareños son las que ofrecen una parte del pulso del lugar.
El martes 28 del mes que corre veo en primera plana, en el diario capitalino francés Le Parisien, que le otorgan la primera nota a la información sobre un reality show en el que participarán ocho políticos franceses que, disfrazados, se involucrarán de incógnito en la vida cotidiana de sus coterráneos. Las tres primeras páginas de este importante diario se dedican a este asunto. No me queda duda alguna que los medios rigen nuestras vidas, nos señalan cuáles son los temas que deben preocuparnos y qué pensar sobre ellos.
En esta reflexión estaba cuando, más adelante, me encuentro con una plana completa dedicada a la pareja del momento, y no es la de George Clooney con Amal Alamuddín. La cabeza de la nota dice “La pareja más odiada de México” y se refiere a la del expresidente municipal de Iguala y María de los Ángeles Pineda Villa, su esposa, a quienes se atribuye la autoría intelectual del tiroteo del 26 de septiembre y el secuestro de 43 alumnos de la escuela normal rural de Ayotzinapa.
Tradicionalmente, México ha sido nota de la prensa extranjera por hechos sangrientos o desastres naturales. Una vez más los hechos lamentables de Guerrero nos hacen noticia. No es para menos, la comunidad internacional, incluido México, se horrorizó con el secuestro de 200 niñas en Nigeria por parte del grupo terrorista Boko Haram y reprobó este tipo de acciones como instrumento de negociación con el poder y como demostración del mismo. Hoy, tenemos una tragedia similar en nuestra casa.
El hecho va mucho más allá de que un municipio le hubiese abierto la puerta del gobierno a una pareja de delincuentes y asesinos, vinculados con el crimen organizado, que fueron capaces de ordenar detener, incluso con balas, a estudiantes que creían sabotearían el informe de la esposa del alcalde. Lo verdaderamente aterrador es comprobar con cada paso que da la investigación —y aún con los que no da— que el sistema de poder en su conjunto tiene un fétido olor que proviene de la corrupción añeja, la simbiosis poder-delincuencia y la impunidad que ha prevalecido por largo tiempo.
La respuesta internacional sirve también para recordarnos que los grandes y pequeños hechos delincuenciales no son normales, que es siniestro que a fuerza de repetición terminemos por encontrar la extorsión, el secuestro, la inseguridad y el temor como parte de nuestra vida cotidiana. ¿Cuántos de nosotros hemos recibido llamadas de amenaza o extorsión? ¿Cuántos negocios no sólo deben preocuparse por prosperar y alcanzar dentro de los límites de su contexto el éxito empresarial sino desear lograr un beneficio económico que alcance para cubrir la “cuota”? ¿Cuántos pequeños y medianos comerciantes se han visto obligados a abandonar la empresa familiar que sus antepasados labraron con esfuerzo porque ya no hubo manera de cubrir las exigencias del crimen organizado? ¿Cuántas familias han tenido que sufrir la pena moral y económica de un secuestro que los ha dejado prácticamente en la ruina financiera y con una esperanza en el futuro convertida en despojo?
La condena de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), de la Organización de Estados Americanos (OEA) y de Amnistía Internacional (AI), la petición de medidas cautelares para los normalistas de Ayotzinapa de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), las manifestaciones del Día de Acción Global por Ayotzinapa y las mismas declaraciones sobre este lamentable hecho del presidente estadounidense Barack Obama aunadas a las jornadas de protesta estudiantil en nuestro país coloca a todas las autoridades mexicanas en la obligación de resolver no sólo el caso Ayotzinapa sino comenzar a dar respuestas eficientes para el control y erradicación del crimen organizado.
La agresión a jóvenes estudiantes tocó una fibra sumamente sensible para la sociedad, pero el hartazgo puede hacer que cualquier otro hecho delictivo se convierta en detonador de ese clamor social por un mejor lugar para vivir, que sólo no escuchan quienes no quieren hacerlo.
ramirezmorales.pilar@gmail.com

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