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La presión fallida, el doble pivote y otras claves del mal momento del Barça

Cuando parecía que el Barça dejaba atrás la irregularidad inicial de temporada encadenando tres victorias seguidas, el equipo ha vuelto a mostrar su versión más vulnerable. La incontestable derrota ante la Juventus deja a los azulgrana en el momento de más dudas en lo que va de curso. ¿Cuáles son algunos de los problemas del equipo? ¿Qué causas son las que hacen que el equipo se haya visto superado en estos partidos?

1) Presión improductiva

Uno de los principales puntos del discurso inicial de Koeman se basó en recuperar la presión alta. Y si bien es cierto que en ningún momento de la temporada el equipo ha acabado de presionar bien arriba, si que pareció mostrar más predisposición por apretar alto en el principio de temporada. Una predisposición que ha ido claramente a menos en los últimos partidos. El punto más bajo lo encontramos en el partido de ayer cuando el equipo se repliega en 4-4-2 en zona media y no logra parar casi ni una salida del rival. Una Juventus con cuatro efectivos (los tres defensas más Arthur) contra dos jugadores descolgados (Messi y Griezmann). Con ninguno de los dos pivotes saltando a presión o saltando tarde, la Juventus jugó muy cómoda en la fase en que se acabó resolviendo el duelo. Tanto es así que, en los primeros 30 minutos de partido, el conjunto italiano acumuló nada menos que 199 pases (casi 30 más que el Barça) y los azulgrana sólo alcanzaron a recuperar 7 balones (5 en campo contrario).

2) Equipo demasiado largo

Estos problemas en la primera presión están derivando en que el equipo se esté alargando mucho más de lo que sería aconsejable. De hecho, ante la Juventus el Barça tuvo una distancia media entre sus líneas de 45 metros, un registro que es muy alto. Ante tal escenario, los contrincantes encuentran zonas para la combinación o espacios para correr sin necesidad de trabajárselos. Además, con más distancia entre cada jugador azulgrana, la recuperación tras pérdida ha bajado una efectividad que, en los dos primeros meses, sí fue buena.

3) Doble pivote en revisión

Uno de los puntos clave en el engranaje azulgrana pasa por la sala de máquinas, o lo que es lo mismo, por el doble pivote. Dos posiciones en la que van rotando tres jugadores (De Jong, Busquets, Pjanic) y una cuarta opción (Aleña) con menos presencia por parte de Koeman. Una pareja que no está sirviendo para dotar de mayor consistencia defensiva ni tampoco para la recuperación tras pérdida, además de ofrecer pocas soluciones ofensivas. En gran medida porque, en general, están actuando en paralelo (ver imagen). Y eso genera dos cosas: la primera es que los rivales, muchas veces, tienen suficiente con un efectivo para tapar el mismo pase y, la otra, que son muchas las situaciones en que los dos medios acuden a las mismas zonas para el apoyo. No se aprecia un pleno entendimiento en la repartición de espacios. Al menos hasta lafecha. Buena prueba de ello es que las versiones de los tres están muy lejos de su potencial.

4) Profundidad y dinamismo decreciente

El Barça comenzó el curso con una actividad bastante más alta de la que está mostrando ahora mismo. El equipo ha pasado de ser muy dinámico de medio del campo en adelante a notablemente estático. Cada vez hay menos desmarques en profundidad. Ni en vertical ni en diagonal. La entrada de Braithwaite pareció aumentar este aspecto en los encuentros en los que el equipo se mostró más competitivo, pero ha caído drásticamente en los dos últimos encuentros. Ante el Cadiz porque el rival situó el “campo base” muy abajo (altura media de 41 metros) y ante la Juve porque se tuvo menos balón (59%). La baja de Ansu Fati ha resultado decisiva en este aspecto, ya que el canterano, saliendo desde banda o saliendo desde el centro, siempre mostró una elevadísima movilidad. Algo que empujaba al resto de piezas a moverse.

5) Ataque posicional obstruido

A los dos factores antes descritos hay que añadir el hecho de que el equipo azulgrana no sabe plasmar su talento en la última zona de campo. Se podría decir que, más allá de los problemas descritos el Barça consigue llegar a campo contrario sin muchos problemas (con una media de juego del 34% en campo contrario es el que más hunde al rival de la Liga) pero que se atasca una vez situado allí. Un condicionante que no es nuevo en el equipo. El Barça está jugando a demasiados toques, algo que convierte la circulación en lenta. La amplitud de campo es insuficiente en la mayoría de encuentros y, cuando se da, no se traduce en desborde individual. Sea porque la poca velocidad en el traslado del juego no propone situaciones idóneas para ello o sea por falta de atrevimiento, el nivel de desequilibrio es bajo para un equipo dominante del juego. Un hecho que se pone claramente de manifiesto en el número y en las zonas de regate del equipo. Ante el Cádiz, el equipo azulgrana acabó con 16 dribblings buenos pero sólo seis de ellos por alguna de las dos bandas y ante la Juventus se acrecentó la tendencia: 16 regates con éxito, tan sólo cinco en zonas exteriores.

6) Acumulación interior (Messi, Griezmann…)

Otro aspecto a mencionar es la repetición de perfiles atacantes con la que juega el equipo. Messi, Griezmann, Coutinho y Pedri tienden a pisar las mismas zonas del campo. Y eso acaba limitando aún más los ataques ya que todos los receptores de pases acaban siendo por dentro empujando a un ataque frontal. Ante el Cádiz, el equipo atacó un 39,5% por el carril central y ante la Juventus casi un 32%. Otro dato que lo constata es que, en el Carranza el pase que más se repitió fue el de Busquets a Messi (hasta 30 veces). Con el añadido de que, en este momento, ni Messi ni ninguno de los demás futbolistas en estas zonas está en su pico máximo de forma. Un efecto que provoca que haya muchos momentos en que los ataques son un embudo. Así se movió con balón el Barça ante el Cadiz. (edición en Efficiency Match)

7) Errores y rigidez en el sistema

Koeman ha incidido en los errores tanto colectivos como individuales en los últimos partidos y a nadie escapa que es un hecho constatable. La fragilidad y las dudas actuales del Barça están revertiendo también en la toma de decisiones: precipitación en ataque, nerviosismo en defensa y ciertos instantes de falta de tensión. Tanto es así que, al menos tres de los cinco últimos goles encajados, contienen desajustes individuales que se podrían catalogar como mínimo de “evitables”.

“evitables”.

Por otro lado y, desde la llegada de Koeman, el Barça sólo se ha desarrollado en un único sistema de juego. Un entrenador tiene que implantar la estructura que crea más conveniente y más idónea a la plantilla de la que dispone. Y tan lógico es que el técnico holandés haya apostado por la estructura en la que más cree como que el equipo ha sido excesivamente estricto en ciertos contextos de partido. Ante ciertos momentos de desconcierto, romper el sistema y la aparición de caras nuevas es un recurso que no se ha aprovechado.

LA VANGUARDIA

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