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Laura Restrepo escribe un libro sobre las migrantes; “me conmueve su potencia”

La autora colombiana charló con sus colegas catalanas Anna Guitart y Eva Baltasar en la edición 34 de la FIL de Guadalajara // El fenómeno migratorio no sólo es un problema humanitario, también es el gran motor de la cultura, consideró la premio Alfaguara 2004

La narradora colombiana Laura Restrepo escribe una novela sobre la migración femenina como una forma de avisar al mundo que contra los muros que levanten y las políticas migratorias más infames, las mujeres van a llegar.

Es un fenómeno que me conmueve por la potencia de esas mujeres. A pesar de su total indefensión, encuentran una capacidad de vivir y entierran a la que muere, pero las otras siguen. Van a buscar un sitio donde la vida sea posible para sus hijos, expresó la escritora durante una charla con las catalanas Eva Baltasar y Anna Guitart, transmitida por la 34 Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara el viernes pasado.

Esta narración está vinculada con los viajes que realizó la autora a Yemen y Somalia con Médicos Sin Fronteras. Es maravilloso porque es ver cómo vive gente que en realidad nadie ve, porque nadie llega ahí, explica la autora.

Restrepo sostiene que “se necesita encontrar el mito detrás de esas historias, ya que la migración no es solamente un problema humanitario, también es el gran motor de la cultura. La Iliada, la Odisea y la Eneida son relatos de personas que tienen que huir de la guerra o lo que sea, y acaban fundando culturas”.

Añadió que las mujeres somalíes, yemeníes y etíopes son arrogantes. “‘Soy descendiente de la reina de Saba’, dicen, y con eso te están dando una señal de identidad fantástica para ellas, pero al mismo tiempo es un: ‘¿tú, quién eres?’ Ahí voy tratando de empatar una realidad muy concreta de una migración en condiciones durísimas con ese viejo mito bíblico, esas reinas de Saba bregando por sobrevivir”.

Silencio y creación

Se trató de una conversación franca entre la escritora con larga trayectoria y conocimiento de su oficio, y la joven que asume cada vez más sus herramientas narrativas.

Restrepo refirió: “Me gusta mi montaña. Creo mucho en el silencio del escritor, aunque suene victoriano. Para conocer a tus personajes tienes que convivir mucho con ellos en silencio. Es como conocer a una persona y muy poquito a poco te van soltando quién es. En ocasiones te equivocas mucho y el personaje te grita: ‘¡Cómo se te ocurre!, yo nunca hubiera dicho esa frase. ¡Quítala ya!’”

Sobre la vida independiente de un libro respecto de su autor, narró cuando en Buenos Aires vio a Jorge Luis Borges autografiando su ejemplar de El libro de arena. Él le dijo que tenía molestia con esa edición por unos errores que contenía. Cuando le pidió las correcciones para apuntarlas, el reconocido escritor argentino respondió: Póngale como quiera. Total, el libro es suyo.

La narradora se hace la ilusión de que la literatura puede funcionar para acompañar a las personas en sus dichas y sus desdichas. No creo que cure a nadie.

Ejemplificó con el brutal asesinato y violación de una niña en Bogotá, que originó su novela Los divinos: “Cuando me enteré, el impulso era: ‘que no le hubiera pasado eso a esa chiquita, cómo hago para protegerla, para abrazar a esa nena’. De alguna manera fue escribir como evocar y acompañarla”.

Afirmó que la única manera de presentar a tus personajes es el lenguaje. No son más que lenguaje. No hay nada más. Son y están hechos de lenguaje. De pronto hay una palabra que desentona y sabes que esta persona no la pudo decir porque se te desmorona su identidad.

La ganadora del Premio Alfaguara 2004 por Delirio, contó que sus narradores nunca tienen que ver con lo que está ahí delante. De hecho, no lo saben. Es una característica común en la docena de novelas que he escrito. Los pillas tan ignorantes como yo misma o como el lector frente a lo que está leyendo.

Delirio aborda, dice Restrepo, la locura de una mujer contada por su marido, quien de pronto se da cuenta de que no tiene idea de quién es ella. Esa exploración en el mundo del otro que, de alguna manera, siempre está mirando por entre la ventana.

Recordó que ese galardón fue maravilloso, porque se lo entregó el Nobel de Literatura José Saramago, “a quien había leído con fascinación y, como persona y políticamente, siempre había sido un ser que yo admiraba mucho. Ése fue el único premio al que yo mandé un libro. Yo decía: ‘con que este hombre me dé un abracito yo ya tengo suficiente’. A partir de ahí nació una amistad muy entrañable que valoro muchísimo”.

La voz de la protagonista

Eva Baltasar, autora de las novelas Permafrost Boulder, mencionó que le interesa poco la sociedad, por eso vivo un poco retirada, porque me incomoda y cuestiona mucho. Eso hace que el foco de la mirada de mis protagonistas esté ahí, y quizá por eso es que ahí la contemporaneidad esté presente.

Menciona que no sólo se trata del momento en que está escribiendo la novela, sino que todo el día la tiene en la cabeza. El momento en que la pasas trabajando y jugando con el lenguaje es el clímax absoluto. El resto del tiempo la narración se va desarrollando dentro de tu mente. Me gusta estar sola, en silencio y escuchar lo que la protagonista tiene que decirme, porque luego tengo que retransmitirlo.

Reconoció que no es que esté contando mi vida, pero sí hay mucho de mi mirada, de mi incomodidad en sociedad; creo que podría haber llegado a ser cualquiera de mis protagonistas. Es un ejercicio de reconocer. Me expongo. Por eso estoy en cada palabra.

Tomado de La Jornada

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