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“Los muertos que vos matáis” están vivos

LUIS VELÁZQUEZ

 

•Si los trabajadores de la información ejecutados con Miguel Alemán y Fidel Herrera quedaron archivados en la burocracia y en la política/política, los muertos de Duarte correrán el mismo riesgo…

 

“Los muertos que vos matáis”… en Veracruz, reporteros fallecidos y ejecutados están vivos, porque simple y llanamente merodea la impunidad.

Así, de Miguel Alemán Velasco a Javier Duarte, las cruces en el camposanto son las siguientes:

Con Alemán Velasco, el 16 de septiembre del año 2002, el periodista José Miranda Virgen, amaneció muerte en su departamento en Boca del Río, “asegún” por un accidente casero con la estufa.

Con Fidel Herrera Beltrán, los muertos (que están vivos) fueron, entre otros:

Uno. Raúl Gibb Guerrero, dueño y director general de “La Opinión” de Poza Rica, ejecutado el 8 de abril, 2005.

Dos. Hugo Barragán Ortiz, del diario “La Crónica de la Cuenca”, ejecutado el primero de noviembre, 2005.

Tres. Roberto Marcos García, de la revista Testimonio, ejecutado el 22 de noviembre, 2006.

Cuatro. Luis Daniel Méndez Hernández, de la estación de radio “La poderosa”, de Huayacocotla, el 22 de febrero, 2009.

Los cuatro, en la impunidad.

Con Javier Duarte, la lista es súper conocida. Diez reporteros y fotógrafos ejecutados (Noel López Olguín, Miguel Angel López Velasco, Misael López Solana, Yolanda Ordaz de la Cruz, Regina Martínez Pérez, Gabriel Huge, Guillermo Luna, Esteban Rodríguez, Víctor Báez y Gregorio Jiménez).

Más tres desaparecidos (Gabriel Fonseca, Cecilio Rodríguez Domínguez y Sergio Landa Rosado)

Más los exiliados, por culpa de la primera directora de Comunicación Social (Andrés Timoteo y Miguel López Solana, entre otros).

Más los despedidos (en un largo etcétera) debido a presiones de la ex vocera próspera… a cambio de mantener el convenio mensual.

Más los siete fotógrafos (de Coatzacoalcos, puerto de Veracruz, Xalapa y Martínez de la Torre) amenazados por los cuerpos policiacos.

Más el tiroteado en su casa, con la cabeza de un cochino y un narcomensaje, Ignacio Domínguez, antiguo reportero del “Diario de Xalapa”.

Todos, en la impunidad, incluso hasta el caso de Regina Martínez, cuyos presuntos asesinos han caído en un reality show que sólo necesita la mirada de Laura Brozo para llevarse a la pantalla casera.

Y, bueno, si los reporteros caídos durante los sexenios de Miguel Alemán Velasco y Fidel Herrera continúan en el olvido, mejor dicho, en la impunidad, entonces, el contribuyente se pregunta qué podría ocurrir con los muertos de Javier Duarte.

Y más cuando en unos días, el 17 de septiembre, se cumplirán tres años de que el reportero de la fuente policiaca, Manuel Gabriel Fonseca, del “Mañanero de Acayucan”, fue levantado afuera de las oficinas policiacas y desde entonces permanece desaparecido.Incluso, y sin duda, con el expediente archivado, sin que ya nadie se ocupe (si alguna vez se ocupó) del asunto, ni siquiera, vaya, aquel agente del Ministerio Público que se declarara su amigo y jurara y perjurara que en nombre de la amistad esclarecería el plagio.

Nada. Nada. Nada. Mejor dicho, el silencio, que el silencio es un lenguaje más expresivo que el idioma hablado y escrito.

 

LOS MUERTOS… MUERTOS ESTÁN Y AHORA A COHABITAR CON LOS VIVOS

Desde entonces, los meses y los años han transcurrido. Faltan dos años con tres meses para que el duartismo concluya.

Y cuando faltan muchos, demasiados meses, que en política parecen años, la sucesión de los diputados federales; pero más aún, de la gubernatura, se anticiparon, no obstante que desde la cúpula priista han llamado a los suspirantes y aspirantes a esperar los tiempos.

Pero por eso mismo, la tarea de gobernar y ejercer el poder se ha concentrado en prepararse para ganar las elecciones, como de igual manera, cabildear en el Congreso local para achicar a conveniencia la gubernatura de seis a dos años, con el único objetivo de que “Los niños infieles” y su gurú y tlatoani queden con la silla embrujada.

Y, bueno, ante la historia y los días, la prioridad es tal. Y por tanto, los grandes pendientes sociales, entre ellos, ajustar cuentas con los muertos y los desaparecidos, tanto reporteros y fotógrafos, como ciudadanos en general (650 en la lista de la procuraduría, de los cuales 144 son menores) ha pasado al archivo.

Si los trabajadores de la información ejecutados en el alemanismo y el fidelazgo quedaron empantanados en la burocracia y en la política/política, entonces, los muertos de Duarte correrán el mismo riesgo.

Y más, con un procurador de Justicia, hijo espiritual de Rimbaud, para quien “la vida comienza y termina frente a un espejo”…

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