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Xalapa

Nos quedamos sin cultivos por culpa de Pemex

“La tierra está podrida, el pasto no sale, y el que hay es de mala calidad. Así las vacas dan poca leche, no se les puede ordeñar”, cuenta Fernando Bautista Castillo, habitante de Rincón Grande.

 

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Ejidatarios han tenido innumerables pérdidas, pues al no tener un cultivo también sus animales mueren al no tener que comer. [/image_items]
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TEXTO Y FOTOS IGNACIO CARVAJAL

Fernando Bautista es uno de los casi 50 ejidatarios que en ese poblado sufren afectaciones en sus tierras a causa de numerosas fugas del acueducto que conecta a la presa Cangrejera con los complejos de la paraestatal Petróleos Mexicanos y un bloque de industrias asentadas en el margen derecho del río Coatzacoalcos..

Rincón Grande colinda con otros cuatro ejidos: Las Palomas, Guillermo Prieto, Cangrejera I y II, todos de Coatzacoalcos. También es vecino con el máximo portento productor de hidrocarburos del país, los complejos Morelos, Pajaritos y Cangrejera.

Hace una semana, esos labriegos bloquearon la principal vía de acceso a la zona de fábricas para exigir a Pemex y a la Comisión Nacional del Agua (Conagua) atender los derrames y pagar las afectaciones: vacas muertas, campos de cultivo echados a perder y tierras ociosas por no poder emplearlas.

Pero después de seis horas de protesta, únicamente Pemex atendió el llamado, a la fecha, el delegado de la Conagua, Iván Hillman Chapoy, no los escucha, lo que generó decepción de los labriegos pues esperaban más de su paisano.

Pese a que las autoridades -después de la aprobación de la Reforma Energética- vislumbran a Coatzacoalcos como la próxima Dubái, en esos pequeños poblados la justicia social de la industria petrolera les ha quedado a deber.

“¿Cual leche vamos a producir?, ¿qué maíz vamos a sembrar?, las tierras están llenas de agua, el pasto se pudre, los caminos están destrozados”, cuenta Armando Aldana Sánchez, otro ejidatario.

Camino a sus parcelas, en plena temporada invernal, Armando Aldana y Fernando Bautista andan entre charcos y fango. Se escucha el sonido en medio de las cañadas. Suena como un bullicioso arroyo el cual desciende entre arboledas.

“Parece que tenemos un riachuelo en medio de estos terrenos, así se oye… bonito… pero son los chorros de agua que salen de las fugas y que nos la están partiendo”, explica Armando Sánchez.

Un par de vacas camina en medio del lodazal, buscan breñas de pastura, pero sus tropas se tropiezan con el lodo agrio. Buscan un poco más y después se marchan caminado con trabajo en medio del fango.

“Hay veces que los animales se atoran, no pueden salirse y allí se mueren o hay que matarlas porque se les entumen las piernas al quedar atrapadas tanto tiempo”, explica otro campesinos.

“Acá no podemos tener vacas buenas para la leche, solo razas que nos dan carne. El pasto no es de buena calidad y si sembramos, se echa a perder por las inundaciones que luego se dan con las lluvias”, relata Armando Aldana Sánchez, comisariado ejidal de Rincón Grande.

Metros adelante, en otra parcela, muestran el acueducto descubierto por los deslaves causados tres años atrás. Había tres salidas de agua y PEMEX las reparó. Son las únicas en la historia de este problema.

“Fue mucho el daño, pero no remediaron la zanja que se formó y ahora es un barranco, eso así no estaba. Salió peor”, relata Carlos Alberto Sedano Ávila.

Más adelante de ese punto, se alza vegetación típica de pantano. Algo peculiar por la geografía compuesta de cerros y árboles frondosos. “Antes ese terreno tenía pasto mejorado, pero se echó a perder con el agua, se pudrió, y nació ese pasto que no es bueno”, dice Fernando Bautista.

Los ejidatarios estiman que son unas 400 hectáreas las impactadas por las afectaciones de Cangrejera. En ellas no se puede explotar ganado lechero, solo para carne. “Tienes que decidir entre vender la leche o dejarla para el becerro, si la ordeñamos, no le queda nada al hijo de la vaca”.

“Antes se daba mucho un camote, lo conocen como barbasco, y sirve para muchas cosas. Nos lo compraban, pero ahora que están estas industrias, el suelo se contaminó y no lo quieren”, cuenta un ejidatario.

Arando Aldana dice que usar el agua que se desperdicia para irrigar cultivos, sería tanto como “sembrar en tierra ajena; al rato llegan y nos la quitan. ¿Y qué haremos?”

Dice Armando Aldana que desde el inicio de la lucha para conseguir recursos por los daños, el gobierno “nos quiere pagar una miseria, apenas 14 pesos por metro cuadrado”.

Esto pasa con ellos, cuando “en ejido Tacoteno (Minatitlán) les ofrecieron hasta 80 pesos por metro cuadrado por unos daños”.

El comisariado ejidal afirma que en próximas fechas habrá acercamientos con directivos de Pemex en Coatzacoalcos, “después del bloqueo se puso una mesa de diálogo en donde esperamos ser escuchados y conseguir los apoyos”.

Enclavado en medio de los complejos industriales de Petróleos Mexicanos (Pemex), y las empresas del mismo ramo que convergen en el corredor de hidrocarburos más importante del país, Rincón Grande no cuenta con rutas de transporte. Para salir, sólo en coche particular o motos.

“Este pueblo está conectado por una carretera hecha por Pemex hace poco, y también se comunica con otros ejidos como Las Palomas, Cangrejera I y I, Rabón Grande, Colorado y Guillermo Prieto, hemos pensado en una ruta que por lo menos nos saque de acá, pero no se ha logrado”.

Las autoridades municipales ni si quiera arriban a este lugar. Para ingresar a esta zona ejidal, se debe cruzar el Río Coatzacoalcos, tomar un taxi que cobra entre 150 ó 200 pesos si no se cuenta con vehículo.

Centro de salud, no hay. Se mira en medio del pueblo un inmueble del gobierno: “Casa de Salud”, luce cerrado. “Siempre está así, tiempo mucho que no viene un doctor”, relata uno de los pobladores.

La última vez que un alcalde vino a este pueblo, ni si quiera la recuerdan. “A veces solo vienen en campaña, ahora ni eso. Solo vienen a Cangrejera.

“Yo no quiero estudiar más, se debe caminar mucho. Solo hice la primaria, la secundaria uno debe ir a Mundo Nuevo -a 10 kilómetros, aproximadamente- y en Villa Allende se estudia el Bachillerato -otra distancia importante- y como está lejos, y no tenemos en que salir, mejor así”, cuenta una chica, de 19 años, detrás de una tiendita de abarrotes mal surtida y desvencijada.

En Rincón Grande, apenas hay 100 pobladores, la mayoría ejidatarios, pero si se suman los ejidos cercanos, rondan los mil habitantes, almas olvidadas pese a la boyante industria petrolera del sureste mexicano.

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