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Palabra de Mujer

Dice la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que para poder ser Presidente se requiere ser ciudadano mexicano por nacimiento, hijo de padre o madre mexicanos y haber residido en el país al menos 20 años; tener 35 años cumplidos; no pertenecer al Estado eclesiástico ni ser ministro de algún culto; no ser secretario o subsecretario de Estado, jefe o secretario general de la República ni gobernador de algún Estado, a menos, que se separe de su puesto seis meses antes del día de la elección.

En el caso de la Constitución Política de Veracruz, se señala que para ser gobernador del Estado se requiere: ser veracruzano, con residencia en la Entidad de cinco años inmediatos anteriores al día de la elección; tener treinta años cumplidos; no ser servidor público del Estado o Federación; no ser militar en servicio activo; no pertenecer al estado eclesiástico, ni ser ministro de algún culto religioso, a menos que, se separe de su ministerio; saber leer y escribir, y no tener antecedentes penales.

Como se puede ver los requisitos son claros y precisos tanto para ser presidente de la República como para ser gobernador de Veracruz, caso similar es para ser diputado o senador. Sin embargo, creo que se podría remendar una vez más nuestra carta magna, agregando un requisito para que lleguen a la presidencia, gubernatura, otros cargos de elección popular y posiciones en las más altas esferas de la política, solo los más capacitados.

Es innegable que en la actualidad numerosos aspirantes a estos puestos y los profesionales dedicados a la administración pública están más preparados, -ya no es suficiente una licenciatura, hay que cursar maestrías y doctorados para estar en buen nivel-. Sin embargo, aún con toda esta preparación académica, la mayoría de los políticos tienen un gran desconocimiento de la situación real del pueblo mexicano. ¿Cómo vive? ¿Qué le aqueja? ¿Cuáles son sus retos? ¿Qué le preocupa? ¿Cómo resuelve sus problemas? Porque resulta que es muy fácil el bla, bla, bla, de la clase política sobre temas como la falta de oportunidades, pobreza, miseria extrema y la marginación,  y la mayoría no tiene la más nómada idea de lo que es luchar de manera cotidiana para llevar a los hijos un plato de frijoles y tortillas para que coman aunque sea una vez al día. Y es que en México, me parece, el gran universo de los políticos y altos funcionarios públicos, está dividido en dos tipos: los que siempre fueron ricos y los que fueron pobres y luego se les olvidó.

¿Qué sabe el presidente Peña, por ejemplo, lo que es luchar diariamente con un salario mínimo 67.29  pesos diarios, que representa un ingreso mensual de 2,018.70? ¿Qué sabe el gobernador Duarte de levantarse a las cuatro de la mañana para arar la tierra o para tomar el camión para ir a trabajar de obrero? ¿Qué sabe Bermúdez de estar enfermo de gravedad y que en una institución de salud le den cita con el especialista para dentro de cuatro meses?

En México el tema de los salarios mínimos suele ser siempre un choro demagógico, en el que los políticos hacen declaraciones y hasta propuestas estúpidas como aquella de la encuesta sobre un aumento al mismo, como si nadie supiera que con esa cantidad necesariamente se vive en la miseria y que la ciudadanía en general votaría a favor. Así que ese rollo siempre es pura verborrea populista, porque finalmente todo desemboca en que cada año se anuncie con fanfarrias incrementos como el de 3.9 por ciento de este 2014, que en dinero representa uno o dos pesos diarios, con los que se pretende taparle el ojo al macho intentando hacer creer que ahora sí, los mexicanos están muy bien pagados.

Por eso, el remiendo a la Constitución que propongo tiene que ver con un requisito más para aspirar a un cargo de elección popular o a un puesto encumbrado en las dependencias gubernamentales; en otras palabras, un candado que nos asegure que los candidatos que lleguen sean los más estrictamente preparados, con más conocimientos de la situación económica y social del pueblo.

Paso a explicar: En concreto se sometería a cada aspirante a un curso intensivo de capacitación. Sería una especie de propedéutico para políticos y servidores públicos de altos vuelos, que podría durar quizá 3 años, en los que cada individuo obligadamente sería acompañado de su familia asegurando así el éxito e integralidad de la capacitación.

Primeramente, los bienes del aspirante serían incautados por el tiempo que dure el curso, por lo que ni él ni los suyos podrían hacer uso de su patrimonio. No tendría acceso a sus propiedades, concretamente,  cero casas, autos, yates, aviones y cuentas bancarias.

En contraparte, se le otorgaría de inmediato un crédito para obtener una casa de interés social que pagaría durante el tiempo que dure su capacitación, lo que pondría  a prueba su ingenio y capacidad de adaptación en tiempo y espacio. De esta manera el aspirante  y los suyos serían reubicados  en una de las colonias marginadas de su lugar de residencia,  y se procuraría que estuviera suficientemente alejada de su centro de trabajo y actividades para que los recorridos en transporte público sean lo más largos posible. La idea, es que la familia completa pueda conocer de manera directa, los problemas que para trasladarse viven millones de mexicanos: tarifas altas, mala calidad en el servicio, unidades chatarra, rutas mal programadas, pasos peatonales en pésimas condiciones, mala ubicación de paradas y lo que se acumule.

Cada uno de los candidatos tendría derecho a elegir entre algunos posibles trabajos el que le resulte más atractivo, desde luego se le asignaría un sueldo que en ningún caso podría ser mayor a dos salarios mínimos. Dicha situación, proporcionaría las condiciones para que el aspirante desarrollara grandes habilidades administrativas y de optimización de los recursos.

Por otro lado, a manera de beca de estudios por aprovechamiento y altas calificaciones, si se diera el caso, se apoyaría a la familia con tarjetas de descuento para sus traslados en el servicio de transporte público.

Los hijos estudiarían en escuelas públicas, si alcanzan lugar, lo que daría al aspirante la oportunidad única de conocer a detalle la problemática de la educación en el país.  Tendría que ir a inscribir a sus hijos, comprar uniformes y útiles, pagar cuotas de padres de familia. También podría, dado el caso, hasta denunciar las faltas constantes de los maestros frente a grupo. En contraparte, la familia completa disfrutaría de muchos días de descanso por puentes vacacionales, fines de semana largos, juntas sindicales y los viernes de asueto por el famoso TGA, que sepa el diablo para que sirve.

A su ingreso al propedéutico, se afiliaría a la familia completa al Seguro Social, al ISSSTE o al Seguro Popular para que vivieran en carne propia, la excelsa experiencia de ir a sacar cita a las 6 de la mañana y hacer “horas nalga” en espera de ser recibidos por el médico, aunque se lleven los intestinos de fuera o se arda en calentura.

A manera de estímulo se les incluiría sin mayor trámite en alguno de los programas del Gobierno Federal, Cruzada Nacional contra el Hambre, Prospera, o el que esté de moda. Para que igual que 7.5 millones de mexicanos se vieran altamente beneficiados con las bondades de estos mágicos planes. Claro está, que este punto aplicaría igualmente para los programas sociales estatales cuyos valiosísimos beneficios serían recibidos también por el aspirante y los suyos.

Por último, para evaluar la capacidad de trabajar bajo presión, se monitorearían constantemente las acciones y reacciones del aspirante durante toda su capacitación, pero sobre todo los fines de quincena.

Ahora, le propongo un ejercicio de imaginación que quizá disfrutará: Sólo piense que  durante ese propedéutico podría encontrarse con Buganza a las cinco de la mañana en el camión del servicio urbano, solo que usted como pasajero y él como chofer del mismo. Ahora imagine ver a Marcelo Montiel, acalenturado y con infección intestinal, esperando consulta en una clínica del Seguro Social; o que Carvallo sea quien toque la campana del camión de la basura que pasa por su calle. ¿Qué tal sería ver a Alberto Silva y a su esposa, pidiendo que dejen pasar a sus hijos en la escuela porque ya mero les dan el préstamo en la caja de ahorro con el que cubrirán las cuotas de padres de familia? ¿Cómo sería ver al Procurador de Veracruz, muy bien peinadito como siempre, aplanando calles como cartero bajo el sol y la lluvia, o a Erik Lagos haciendo fila el seis de enero para obtener algunos juguetes para sus hijitos en el supuesto de que ya los tuviera? ¿A poco no les serviría para el mejor desempeño de su futura labor legislativa a los juniors Tarek Abdalá y Beltrán Borunda, saber lo que es trabajar en limpia pública barriendo las calles de alguno de los  municipios que pretenden representar. Y, ¿no sería formativo para Carolina Gudiño vivir un tiempo echando tortillas para su familia en su jacal en la sierra de Zongolica? Con todo y que quizá sería inevitable que por sus influencias y padrino, la beneficiaran por debajo del agua con el programa Piso Firme. Ahora imagine a Nohemí Guzmán, viviendo cercana en alguna zona marginada pidiendo láminas y cobertores porque su casita se inundó. Piense en Murillo Karam, celebrando con chelas el Día de la Cruz porque le tocó capacitarse en la chamba de albañil, para que así aprendiera lo que es el verdadero cansancio.

Y como todo es susceptible de mejorar, podría ser obligatorio repetir el curso en tanto, el personaje quiera volver a participar como candidato plurinominal o uninominal en una contienda electoral. En casos como los sempiternos aspirantes, a diputaciones el maestro Callejas llevaría ya seis, y Amadeo Flores como diputado, senador y funcionario de alto nivel, ya llevaría varios. La Gudiño y Elizabeth Morales, ya tendrían en su haber por lo menos tres cada una.

Con la obligatoriedad de este propedéutico ¿usted cree que habría tantos apuntados que querrían contender tan frecuentemente por los puestos de alto nivel en la política mexicana?

Además, se podría establecer el Propedéutico II, en el que se capacitaría a los aspirantes como uno más de los campesinos mexicanos de los municipios más marginados y miserables del país.

¿Cómo la ven? ¿Lanzamos la propuesta?

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