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LUIS VELÁZQUEZ

La ley del garrote

•De las leyes Ampudia y Bermúdez y de la frustrada matanza de perros callejeros en Xalapa y Acayucan al confinamiento de pordioseros en el puerto jarocho existe el mismo eje conductor: represión le llaman

La orden está dada: durante los Juegos Centroamericanos y la Cumbre Iberoamericana, por añadidura, los menesterosos habrán de recluirse en sus albergues y evitar salir a la calle.
Lo sentimos mucho: darán una fea imagen a Veracruz.
El Veracruz, claro, que desea ocultar la pobreza y la miseria y la jodidez.
La orden del DIF del alcalde Ramón Poo Gil, elitista como es, resulta paralela a la orden de su homólogo de Xalapa, Américo Zúñiga Martínez, de asesinar a 700 perros callejeros, con la misma frialdad con que Adolf Hitler envió a los hornos crematorios a 6 millones de judíos.
Por fortuna, ¡oh Dios, oh Alá, oh Buda, qué grandes son!, Ameriquito dio marcha atrás. Reculó, cuando las sociedades protectoras de animales de Xalapa se le fueron encima.
En contraparte, aseguran los diputados Ana Guadalupe Ingram y Tonapriuh Pola nunca existió una ley Bala Bermúdez para criminalizar la protesta social cuando, bueno, ahí están los titulares de la prensa escrita del viernes 26 de septiembre, 2014, cuando su homólogo Adolfo Jesús Ramírez Arana anunció su presentación en el Congreso local.
Bastaría, incluso, referir un titular del periódico Órale, propiedad de la diputada Mónica Robles Barajas.
Página 22, sección Política, con la leyenda “El que no cae, resbala”, a 8 columnas: “Con permiso pa’manchar. Se necesitaría autorización. Presentan iniciativa para regular manifestaciones en Veracruz”.

“ATRÁS DE CADA FORTUNA HAY UN CRIMEN”
La frustrada orden para matar perros y la orden para recluir a los menesterosos en los albergues tiene un antecedente.
Se trata del bando de buen gobierno expedido cuando el magnate empresarial Anselmo Estandía, elitista como es, ordenó encarcelar a los limpiaparabrisas, franeleros, vendedores ambulantes, migrantes, malabaristas, indigentes, menores de edad, así como toda clase de personas que solicitaran dádiva o dinero en la vía pública porque deterioraban el ambiente turístico de Boca del Río.
Incluso, hasta su esposa como presidenta del DIF local lanzó su espada en prenda.
La historia, pues, mejor dicho, la conciencia de clase se expresa otra vez.
Se trata, de un eje rector: mexicanos de primera, de segunda, de tercera, de cuarta…
En un lado del ring, las elites, la gente bonita dirían los cronistas de sociales, lo más selecto de la sociedad, los pudientes, los riquitos.
Y en el otro lado, los olvidados como les llamó Luis Buñuel, los desheredados de la fortuna como les decía Albert Camus.
Los pobres entre los pobres como les llamó Jesús y también los sociólogos de la Secretaría de Desarrollo Social para evitar llamarles por su nombre: los miserables. Los miserables de Víctor Hugo.
Sin embargo, el único consuelo es el siguiente: lo dijo el novelista Mario Puzo, aquel de la novela y película tan exitosa “El Padrino”: “Atrás de toda fortuna… hay un crimen”.

MÁS JODIDOS QUE NUNCA
Los jodidos de Veracruz, pues, más jodidos que nunca.
La ley de tuiteros. Cárcel a los llamados terroristas de las redes sociales.
La ley Ampudia: Cinco años de cárcel a quien bloquee las vías de comunicación.
Y la ley Bala Bermúdez, de la que, se afirman, dieron marcha atrás.
El bando de buen gobierno en Boca del Río.
El frustrado genocidio de perros callejeros en Xalapa, vigente en Acayucan.
Y ahora, 15 días de reclusión en sus albergues a los pordioseros, además, claro, en los días de la Cumbre Iberoamericana.
Así, mientras los limosneros serán confinados, los carteles prosperan en tierra fértil, como en el pueblo de Acultzingo, donde semanas anteriores fue descubierto un campo de entrenamiento de los malandros, y ahora, el fin de semana, apareció asesinado el presidente municipal.
Mano firme y dura contra los perritos, y mano ineficiente e ineficaz ante los malosos, como el personal estilo de ejercer el poder en la segunda década del siglo XXI en Veracruz.