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LUIS_VELAZQUEZInicia dispendio electoral

 

  • Los consejeros del INE se hacen tontos y en ningún momento exigen, como establece la ley, la rendición de cuentas sobre el dinero que camina en las jornadas cívicas

  • Derroches de Oliver Aguilar, Ángela Perera, Paco Portilla, Sergio Pazos, Karime Aguilar y Gustavo Baizabal

 

 

El PRI ha publicado la convocatoria para registrar a los candidatos a diputados federales en convención de delegados.

Muchos, pues, serán los llamados. Pocos los elegidos.

Pero en el proceso electoral, ninguna duda existe que los abanderados rojos efectuarán sus campañas con cargo al erario público, de igual manera como ha sido en otras ocasiones, incluso cuando los panistas entraron a Los Pinos.

Además, sin nunca, jamás, rendir cuentas al contribuyente, el ciudadano, la gente, la población electoral que sufraga en las urnas.

Fue el caso, por ejemplo, de Olivier Aguilar Yunes, quien fue derrotado en un par de ocasiones para diputado local y federal, apoyado desde la Secretaría de Finanzas y Planeación, un dinero tirado a las sucias cañerías de la política, sin que le haya costado un centavo a su bolsillo.

También fue el caso, como afirma el politólogo Carlos Ronzón Verónica, de Ángela Perera Gutiérrez, la candidata de exalcaldesa Carolina Gudiño Corro, a la diputación federal, cuya campaña fue desbordante en fondos oficiales para obtener una derrota en las urnas.

Y no obstante que se trataron de recursos oficiales como registra la fama, pues ni modo que haya sido con cargo, digamos, a la fortuna del presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, Fernando Perera, su padre, tampoco jamás existió una rendición de cuentas.

En el mismo tenor, por ejemplo, otras campañas.

Sergio Pazos junior, para presidente municipal de Boca del Río.

Francisco Portilla Bonilla, para diputado federal por el distrito de Córdoba.

Karime Aguilera para alcaldesa de La Antigua de Ana de la Reguera.

Gustavo Baizabal, para la presidencia municipal de Tlalixcoyan.

Jorge Carvallo junior, secretario de Desarrollo Social, financiando, con cargo al erario, las campañas de sus candidatos a alcaldes de Los Tuxtlas, todos derrotados, uno solo, el de Lerdo de Tejada, ganador.

Un derroche, pues… de fondos oficiales, como ha ocurrido desde siempre, antes, incluso, que cuando Plutarco Elías Calles fundara el partido político abuelito del PRI.

 

LA MISMA GATA REVOLCADA

 

El Instituto Federal Electoral, IFE, fue enviado al archivo muerte para dar paso al Instituto Nacional Electoral, INE, “la misma gata; pero revolcada”, pues en el fondo todo sigue igual, a excepción de que, bueno, extenderá su pulpo en las elecciones locales de cada entidad federativa.

Pero, al mismo tiempo, con mañas.

Por ejemplo, ninguna medida para fiscalizar el dispendio oficial en las precampañas de los candidatos a un puesto de elección popular, como el caso de la diputada local, Ana Guadalupe Ingram, la Carolinita, que siguiendo los pasos de la Gudiño también dejará a medias el segundo cargo público para brincar, como trapecista, al tercero.

Tampoco el INE ha establecido la rendición de cuentas de cada campaña electoral, incluso, bajo reserva de que si un nominado se niega a informar con claridad y aportando documentos, su registro sea cancelado.

Por el contrario, todo mundo se hace tonto como el caso de la presidenta del IEV, Carolina Viveros, la condiscípula de Fidel Herrera en la facultad de Leyes de la UV, perpetuada en el poder electoral por los servicios otorgados a la camarilla patriótica.

 

EL TÚNEL DEL DISPENDIO

La rendición de cuentas también incluye a los candidatos de los partidos de oposición, pues si antes los panistas mandaban desde Los Pinos, de igual manera existió un dispendio oficial para sus campañas, como por ejemplo, el financiamiento para Miguel Ángel Yunes Linares candidato a la gubernatura en el año 2010, quien solía pagar en efectivo, sin factura, cantidades millonarias a uno que otro magnate periodístico.

Nunca, por ejemplo, Gerardo BuganZa Salmerón rindió cuentas al contribuyente de su gasto millonario en la campaña electoral panista para gobernador en el año 2004, como tampoco el priista Fidel Herrera.

Y, bueno, si el trío argumentara transparencia en el gasto electoral, bastaría con un informe, aunque fuera a destiempo, para aclarar paradas en dudas que andan en el palpitar ciudadano.

Por eso, el gran túnel del dispendio aparece una vez más en el escenario electoral, lo que constituye un agravio político, social y económico para los millones de pobres, miserables y jodidos, desempleados, con salarios de hambre y migrantes en un país donde el 60 por ciento de la riqueza nacional pertenece a 200 familias.

Pero, además, y como en el caso de Veracruz, donde las elites políticas disputan los cien mil millones de pesos anuales de presupuesto del gobierno estatal, más el diezmo y el doble diezmo, más los negocios lícitos e ilícitos, más las otras mieles del poder público, como por ejemplo, el ejercicio del poder con soberbia y egolatría, narcisismo y altanería, creyéndose todos paridos por los dioses.