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Xalapa

Primero sanitizarse y luego persignarse; el fervor guadalupano en la pandemia

Primero sanitizarse y luego persignarse es la regla de oro para poder entrar al Santuario Menor de la Virgen de Guadalupe en el Barrio del Dique: Toma de temperatura, gel antibacterial y escuchar una letanía de medidas sanitarias reproducidas en un altoparlante de la Secretaría de Salud son los protocolos que se toman en la avenida Venustiano Carranza para poder seguir avanzando hacia las escalinatas del templo religioso y cumplir con las promesas guadalupanas.

Una veintena de policías estatales y policías viales cierran por completo el acceso vehicular en las calles de Mártires de Xalapa, Reforma, parcialmente Rodríguez Clara y Venustiano Carranza, así como las privadas de los alrededores. Aún faltan cuatro días para el cumpleaños de la virgen morena, pero más vale prevenir que lamentar en los Centro de Atención Médica Expandida COVID-19 (CAME-C19).

Los fervientes católicos ingresan al santuario por cuentagotas, parejas de señoras, un matrimonio de la tercera edad, señoras y hombres solitarios. Hay una rigurosa toma de muestra de temperatura en la frente por personal de la Dirección de Protección Contra Riesgos Sanitarios de la Secretaría de Salud. 

Ayer, la familia Fuentes, diez personas dueñas de una carnicería en el sur de la ciudad acudieron en una mini peregrinación al Santuario del Dique a dar gracias de que ningún integrante se había contagiado de Covid-19. Depositadas las confianzas en la Virgen Morena, antes que delegarles su salud a las autoridades morenas.

Hoy a la casa del señor y de la virgen del Tepeyac es obligatorio entrar con cubrebocas, mascarilla o con boca y nariz tapada con algo, así sea con el rebozo. La iglesia, parece ser, entendió y comprendió antes que el inquilino de Palacio Nacional y sus amigos morenos en los estados. 

El Santuario del Dique tiene una aparente tranquilidad, no hay puestos de comida ambulante, ni estudios fotográficos para los cientos de niños Juan Diego. Se extrañan a los vendedores de peltre y los de cobijas. No hay ese olor a incienso, ni ese olor a acumulación de sudor en cientos, a veces miles de cuerpos, no se extrañan esos cláxones estridentes de taxistas y traileros.

Han pasado 57 años -más de medio siglo- desde que la iglesia del barrio del Dique fue reconocida como Santuario por el Episcopado Mexicano (la organización nacional que aglutina a todos los obispos y arzobispos de México) y es la primera vez que se tendrá la ausencia de miles de personas. Las canastillas del diezmo lo resentirán en demasía, a su manera, la iglesia también sufre su propia crisis económica por la pandemia del Coronavirus. “Que Dios los ampare”, pienso, mientras apenas una veintena de personas sale del inmueble religioso este miércoles al medio día. 

En las escalinatas del Santuario apenas se observa media docena de coronas y ofrendas llevadas a la virgen del Tepeyac, quienes antes peregrinaban aún no se manifiestan con sus donativos en arreglos florales gigantes. 

Faltan tres semanas para que concluya el año y la pandemia ya nos robo el Diez de Mayo, el Día del Padre, el verano y las vacaciones, el calendario escolar, el Día de la Independencia, la Revolución y el día de la Virgen Morena, ojalá, que ya acelere el paso y se termine de llevar la Navidad y el baile del viejo para el día 31. Ya para el Día de Reyes y para el 14 de febrero próximos, que sea lo que la Virgen de Guadalupe y Dios quieran. Amen.

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