20.1 C
Xalapa

Robo de niños en Veracruz

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  • La tierra jarocha, blindada por el secuestro de menores en Xalapa; los padres, abrazados a Dios hasta los dientes
  • Mal síntoma: vecinos pretendiendo linchar al presunto plagiario
  • Mal síntoma: los padres lapidando al procurador de Justicia
  • Historia de una familia incautada en la carretera por una mujer policía de la Fuerza Civil
  • Grito en Coatzacoalcos: Hoy, decían de Karime Alejandra, secuestraron a mi hija; mañana pueden secuestrar a la tuya

 

LUIS_VELAZQUEZFue el miércoles 10 de diciembre en Xalapa miércoles de horror y terror con el secuestro de una niña. Mariana Aguilera, de la escuela Justo Sierra, colonia Progreso. El miércoles fue apocalíptico: que robaban niños en varias escuelas primarias. ¿Cómo, de nuevo, culpar a los tuiteros, como sucediera en el puerto jarocho que hasta el penal de Pacho Viejo fueron confinados?

En la carretera de Xalapa a Veracruz, Jorge Arias manejaba su camioneta vieja, en compañía de su esposa y dos hijos. Una niña. Gabriela. En el kínder. Un niño. Diego. De 10 años.

Y apenas llegaba al prime retén, a las goteras de la ciudad, lo detuvieron. Una mujer policía, con el uniforme de la Fuerza Civil, metralleta en mano, amable y cordial, mujer al fin, habló con Jorge Arias.

–Disculpe, estamos revisando unidades. Buscamos a una niña secuestrada.

–Sí, adelante.

–¿A dónde van?

–Al puerto jarocho.

–¿Con quiénes vienes?

–Mi esposa, dijo, presentado a su esposa, en el lado del copiloto.

Entonces, Gabriela, la niña, se asomó en la ventana abriéndose paso entre el padre y la madre.

–¿Qué, papá?

–¿Cómo te llamas? preguntó la mujer policía.

–Gabriela, dijo la niña. Me dicen Gaby.

El niño, Diego, también se asomó trepándose en los brazos largos y fornidos del padre.

–¿Y tú, cómo te llamas?

–Diego. Dieguito.

 

LA MUJER POLICÍA INTERROGA, HÁGANOS FAVOR, A LOS NIÑOS

La mujer policía miró al padre y a la madre y les dijo:

–¿Puedo hacer unas preguntas a los niños?

–¡Sí, claro!, contestó Jorge Arias, abrazado a Dios hasta los dientes, antes, mucho antes de que, digamos, le arrebataran los nervios.

La mujer policía, con la ametralladora en la mano en son de alerta, preguntó a la niña:

–¿Quién es este señor? dijo, mirando al padre.

–¡Mi papá!, contestó la niña, emocionada, mirando al padre, su héroe, dándole un beso, mejor dicho, abrazándolo más fuerte.

–¿Quién esta señora? preguntó al niño.

–¡Mi mami! dijo el niño, los ojos desbordados de alegría.

–¿Dónde viven?

–En una casita en Veracruz, dijeron los dos niños.

–¿Qué estudias?, preguntó la mujer policía a Gabriela.

–En el kínder.

–¿Y tú hermanito?

–En la primaria.

Jorge Arias miraba la tarde/noche en la carretera. A unos dos, tres metros, más elementos de la Fuerza Civil, aquellos que hasta maestría y doctorado tienen. Los nuevos policías del secretario de Seguridad Pública. Digamos, digamos, la Gendarmería de Javier Duarte.

–¿Puedes abrir tu camioneta? preguntó la mujer policía al padre.

–Sí, dijo el padre, diciendo a su esposa y a los hijos se bajaran de la unidad móvil.

La mujer policía la revisó. Revisó los asientos delanteros arriba y abajo, y los traseros. Revisó la guantera. Miró los papeles. Revisó la cajuela. Y hasta alborotó el montón de periódicos y revistas, como buscando ¿qué… “un cuernito de chivo”?

Jorge Arias abrazaba a sus hijos y como en la película “La vida es bella” jugaba con ellos, a pilonchi con el más chiquito. “Yo, papi, yo” pedía la niña Gaby, alzando los brazos, mirando la altura de su padre gigantón, moreno morenito, fuerte, sólido.

–Se pueden ir, exclamó la mujer policía acariciando el lomo de su ametralladora, no sin antes apuntar los datos de su credencial de elector y las placas del vehículo.

 

UN PROCURADOR EN LA CUEVA DEL LOBO

Al otro día, Jorge Arias y su esposa leerían en el periódico que los padres de familia de Xalapa querían linchar al presunto secuestrador. Que el procurador de Justicia se metió a la cueva del lobo y lo lapidaron, como si fuera la mujer pecadora del Medio Oriente. Que hubo alerta Ámber por la niña desaparecida.

Esa noche, Jorge Arias dormiría con la niña en su cama y la mamá dormiría con el niño, abrazando a sus cachorritos, con el ojo pelón mirando el reloj y la madrugada, oyendo el maullido de unos gatos retozando en la noche tibia, con lluvia.

Se acordaron de la leyenda aquella de los padres de Karime Alejandra, la niña de 5 años, secuestrada, desaparecida, ejecutada y sepultada en una fosa clandestina en Coatzacoalcos, y cuyos padres en una marcha reclamando justicia cargaron una cartulina con la siguiente leyenda apocalíptica: “Hoy secuestraron a mi hija Karime. Mañana se pueden llevar a tu hija”.

Veracruz hoy. La turbulencia que nadie puede ocultar, la cruz camino al Gólgota que carga la elite duartista. El Waterloo de la cúpula tricolor…