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Y el mundo será nuestro…


El 17 de septiembre, el deporte ruso se daba de bruces con la realidad: el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) había decidido expulsarle de todos los grandes eventos deportivos.

Los deportistas rusos quedaban vetados por dos años.

Auto-aplausos

“Si nos castigan con dos años, y no por cuatro, es positivo”, ha declarado el ministro de Deportes ruso

Se les tachaba de corruptos, y también de reincidentes: se interpretaba que sus altas instituciones no habían hecho los deberes.

Moscú no solo perseveraba en el sistema de dopaje de Estado, sino que le complicaba la vida a todos los hombres de negro que pretendían penetrar en sus academias y revisar informes y muestras de sus deportistas.

¿Transparencia?

Por eso mismo, aquel 17 de septiembre, el TAS dijo basta. De él no se ríe nadie más. No se aceptaría a los deportistas rusos en los Juegos de Tokio 2020 (en 2021), ni en los Juegos de Invierno de Pekín 2022. Y sus futbolistas tampoco tendrían sitio en la Copa del Mundo de Catar 2022 (siempre y cuando se clasifiquen en la fase previa, algo que está por ver).

¿Qué fue lo que hizo entonces Oleg Matytsin, su ministro de Deportes?

Lo primero, aplaudirse.

Dijo:

–Lo positivo de todo esto es que los deportistas rusos estarán expulsados por dos años, y no por cuatro, como proponía la Agencia Mundial Antidopaje (AMA).

En parte, Matytsin llevaba razón: la idea de la AMA se había estado proyectando más allá de los dos años. La máxima instancia antidopaje pretendía vetar a los deportistas rusos hasta los (aún) lejanos Juegos de París 2024.

Visto así, el recorte no estaba tan mal.

¿Y qué mas hizo Matytsin?

Descolgar el teléfono y buscarse aliados en el mundo.

Los ha hallado en China.

No es poca cosa: según los expertos macroeconomistas, China ya es el nuevo amo del mundo, cosas de la pandemia.

A diferencia de lo que ocurre entre las grandes potencias occidentales, la economía china ha crecido en 2020 (a un exiguo 1,9%) y, según preveía el informe de octubre del FMI, seguirá haciéndolo en 2021, en este caso al 8,2%. 

Otra cosa es su espíritu democrático. Se denuncian abusos contra los uigures en el noroeste del país, y contra millones de vecinos de Hong Kong, que se manifiestan contra la ley de seguridad china. 

Acuerdo abstracto

No se han concretado los términos del acuerdo, aunque debería cobrar forma en 2022

El deporte chino también tiene sus servidumbres. La rehabilitación de Sun Yang, su nadador estrella, es la última arista.

La noticia de la alianza se ha comunicado en estos días. Durante unas charlas en la Unesco, Oleg Matytsin ha dicho que Moscú y Pekín crearán un proyecto bilateral destinado a “establecer sistema de cooperación en la esfera del desarrollo deportivo y cultural”.

El programa, todavía abstracto, debería cobrar forma para el periodo que comprende los años 2022 y 2023, en la frontera temporal que une la Rusia vetada (permanecerá fuera de juego hasta el 31 de diciembre de 2022) y la rehabilitada (a partir del 1 de enero de 2023).

Mientras tanto, Moscú deberá vagar a solas por el desierto.

No habrá banderas rusas en Tokio 2020, ni en Pekín 2022. Solo podrán competir allí aquellos deportistas específicamente invitados, y bajo la bandera de la ANA ( Authorised Neutral Athletes ).

*LA VANGUARDIA

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